jueves, 3 de enero de 2013

El teléfono en cuba


Meucci, un italiano que inventó el teléfono mientras trabajaba en el teatro Tacón de La Habana
El teléfono
Cuba es, quizá, la primera nación en la cual repiqueteó el teléfono. Diversos investigadores han llegado a la conclusión que, si bien no era cubano, sí fue en La Habana donde el verdadero inventor de este medio de comunicación llevó a cabo sus más concluyentes experimentos.
El italiano Antonio Meucci, aunque no es considerado el definitivo inventor del teléfono, sí llevó a cabo en la Isla los experimentos que determinaron su aporte en la búsqueda del medio capaz de transmitir la voz a distancia.
Natural de Florencia en 1808, Meucci vivía en La Habana desde 1835 y se desempeñaba como “mecánico” en el Teatro Tacón. Su trabajo consistía en instalar y dirigir el funcionamiento de la tramoya, preparar y cuidar los decorados, el atrezzo y la utilería. Para eso se necesitaba una acumulación de conocimientos que comprendía pintura, física, química, historia y artes plásticas.
La pasión por el estudio sobrepasó en Meucci la necesaria para el desempeño de su profesión y llegó a ser un verdadero sabio para su época en materia de electricidad. Él descubrió, entre los años 1849 y 1850, cómo obtener la transmisión de voces a través de un alambre conductor unido a varias baterías para producir electricidad. Había denominado a su invento “telégrafo parlante” y también “teletro-phone”.
Pero vamos a referirnos al uso del teléfono como una realidad práctica.
El primer servicio telefónico local que comenzó a funcionar de forma estable y del cual se tienen noticias ,fue inaugurado en New Haven y luego en New York, entre 1877-78.
Tres años más tarde, aunque de manera incipiente y provisional, varias ciudades norteamericanas y europeas ya podían presumir de contar con el servicio. A La Habana llegaría en septiembre de 1881 como una especie de suplementación que se ofrecía desde el centro oficial telegráfico.
Ya en 1883 se instala el primer centro telefónico de una empresa norteamericana en el antiguo número 5 de la calle O´Reilly. Y enseguida se empezaron a emplazar teléfonos entre comerciantes y profesionales.
El primer aparato particular que se colocó en Cuba fue el de la casa Ginerés y Compañía, comerciantes establecidos a pocos metros de la propia central telefónica. Su teléfono era el número 2, ya que el número 1 se le reservó al propio centro telefónico. El número 3 lo adquirió Julián Álvarez, dueño de la tabaquería Henry Clay; la botica de San José, el número 4; lLos importadores de Aedo, Veiga y Compañía, el 5; el Tren Funerario de Ramón Guillot, el 6; y la Capitanía General, con su lento y tortuoso proceso burocrático llegó a adquirir el número 50.
Ya para el año 1910 Cuba contaba con uno de los primeros sistemas automáticos que existió en el mundo. Los servicios telefónicos cubanos estuvieron servidos por las llamadas “centralitas”, atendidas mayormente por señoritas hermosas.
Tanto fue su éxito que muchos llamaban tan solo para hablar con la “!Central!»” que llegó a alcanzar una cifra record de enamorados habaneros. Hubo muchas de estas “hermosas damas” que le destrozaron el corazón a más de un cubano, y otras que, al quedar a la escucha al pasar la llamada informaban más que cualquier periódico de la comidilla diaria de la sociedad cubana de época. Por eso algunos abuelos recuerdan aquellos tiempos con agrado y hasta llegan a exclamar:” ¡Candela que eran aquellas centralitas!

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